Un vuelo a la eternidad

La empresa navarra Casairefrio ofrece la posibilidad de que las cenizas de un ser querido sean lanzadas desde un paramotor y descansen para siempre en el lugar elegido

EL último vuelo de una persona debería ser siempre al lugar más querido. Desde hace un mes es posible cumplir el último deseo de aquellas personas que quieren que sus cenizas se lancen desde el cielo y descansen para siempre sobre su pueblo o su paisaje favorito.

 

La empresa navarra Casairefrio, S.L es la única en España que se dedica al "Servicio funerario aéreo", como lo denominan sus fundadores, dos navarros y un andaluz.

Profesionales del vuelo

Eduardo Casajús Mateo, de 38 años, y Javier Arrieta Ochantesana, de 50, ambos de Pamplona, son profesionales del vuelo desde hace muchos años. Ellos son los encargados de lanzar las cenizas en el lugar elegido desde un parapente con motor.

Juan Pablo Gómez, Javier Arrieta Ochantesana y Eduardo Casajús Mateo

La idea surgió después de una tragedia que los tres vivieron muy de cerca y de la que prefieren no hablar.

A partir de ahí decidieron ampliar la oferta de la empresa, que se dedicaba a la fotografía aérea, e incluir la posibilidad de lanzar las cenizas por aquellos lugares en los que vivió, que más quiso o a los que siempre deseó ir la persona fallecida.

"Al principio todo el mundo se ríe cuando le contamos que hemos montado este negocio, pero después dicen que les parece una buena idea", cuenta Juan Pablo Gómez (Sierra de Cazorla, Jaén, 1975).

El parapente a motor vuela muy despacio, a unos 40 kilómetros por hora y su capacidad para hacerlo apoca altura hace que las cenizas "sean situadas con total precisión", explica Arrieta. "Incluso podemos utilizar un GPS en el caso de que se trate de un lugar muy concreto", aclara Casajús. Pero lo más importante es que, a pesar de ser motorizados, no hacen apenas ruido. "El silencio es fundamental en este tipo de actos", añade Gómez.

Javier Arrieta Ochantesana, pilotando uno de los paramotores
desde los que lanzan las cenizas.

También se intenta que el día sea bonito, soleado. "Bastante triste suele ser ya la situación como para que el tiempo no acompañe", señala Casajús. Además, para que las condiciones del vuelo sean buenas es necesario elegir un día de viento suave. "El encanto de estos aparatos al volar conjuga perfectamente con el ambiente de intimidad que conlleva un acto como este", añade Arrieta.

La familia puede contemplar el momento desde abajo, a cierta distancia, y darle así el último adiós a su ser querido. Suelen ser momento duros y los pilotos lo saben. "Para nosotros es muy especial saber que somos las últimas personas en llevar las cenizas de una persona", cuenta Casajús. "Y sobre todo saber que estamos ayudando a cumplir su últimos deseo", añade.

De momento sólo volarán sobre Navarra, aunque no descartan ampliar la iniciativa al resto de España si tiene éxito.

Los 300 euros que cuesta el servicio incluyen una fotografía aérea del lugar o lugares donde descansarán las cenizas para siempre después de este último vuelo.

SARA NAHUM