
Virgilio Leret Ruíz
A
Carlota Leret le cuesta contener la emoción
mientras mientras el entrevistador habla con
ella por teléfono sobre la vida de su padre, el
aviador militar e ingeniero aeronaútico Virgilio
Leret, considerado como el ‘padre’ del motor a
reacción en España, fusilado en los comienzos de
la Guerra Civil en Melilla.
Y es
que el organismo público AENA decidió, después de
tres años, la realización de una exposición que
sirviera para homenajear a este avezado piloto e
ingeniero que tuvo entre sus méritos haber
desarrollado un motor a reacción que podría haber
cambiado el desarrollo y evolución de la aeronaútica
española en la primera mitad del siglo XX si no
hubiera sido por una trágica guerra que enfrentó a
los españoles entre sí y truncó miles de vidas,
entre ellas la de Leret.
En este sentido, la exposición “es una
reivindicación de la figura de Virgilio Leret, una
historia que había quedado borrada y sumergida”,
comenta su hija, Carlota, que ha venido desde
Venezuela para asistir a la inauguración de la
muestra. Carlota es amable al trato y complaciente y
a pesar de los malos momentos que pasó en su
infancia durante la Guerra Civil, no esconde ni uno
sólo de sus recuerdos, sobre su padre y aquellos
trágicos sucesos que empañaron la historia de
España. Valiente, como lo fueron sus padres, Carlota
comentó que la exposición permite “la difusión y
conocimiento de nuestros valores humanos”.
Sin duda una exposición que no dejará indiferente a
nadie y menos a los melillenses ya que “la figura de
Leret está entrelazada con la historia de Melilla,
donde sirvió como militar y piloto, defendiendo a la
República”, señaló Carlota Leret. “Espero que la
exposición vaya a otros lugares de España”, añade y
comenta que le gustaría que la muestra llegara a
Melilla, aunque ello depende de AENA, ya que es muy
costoso moverla de un sitio para otro. En cualquier
caso matiza que sería “ideal” que se trajera a
Melilla.
Vida y obra
La exposición de AENA hace un recorrido en primer
lugar por la vida de Virgilio Leret Ruíz, aviador
del Ejército español, desde sus comienzos como
militar, sirviendo en la guerra de Marruecos,
pasando por los avatares que sufrió en los distintos
juicios militares que padeció debido a sus posturas
ante determinados hechos. El primero de ellos en
1930, momento en que decide no acatar la orden del
coronel de la base aérea de Cuatro Vientos en
Madrid, pues se le ordenó salir a capturar a un
grupo de pilotos que pretendían atentar contra la
monarquía alfonsina, entre los que estaban Ramón
Franco, hermano de Francisco Franco.
Tras ello, y ya en otro destino, volvió a ser
represaliado debido a una petición que realizó al
comandante de la plaza en la que solicitaba saber si
había sido derogado un decreto que impedía a los
militares hablar de política. Era 1934. Finalmente,
en 1936 fue destinado por tres meses a Melilla, a la
base de hidroaviones de la Mar Chica, donde morirá
fusilado al comenzar la guerra civil. Antes de ello,
tuvo tiempo de desarrollar un proyecto de motor a
reacción, en concreto un ‘turbocompresor de reacción
contínua como propulsor de aviones y toda clase de
vehículos”. Una hazaña por la que ha pasado a la
historia, por ello y por ser el primer defensor de
la base de hidroaviones al inicio de la contienda
civil que enfrentó a los españoles entre sí. Una
mirada al pasado, como reza el título de la
exposición, más necesaria que nunca.
Marcos Rober
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